La comunicación en el deporte ha evolucionado radicalmente. En un entorno de hiperexposición, inmediatez y alta carga emocional, el rol del dircom ha dejado de ser meramente operativo para convertirse en estratégico. Ya no basta con gestionar mensajes: hoy es imprescindible anticipar, construir relato y liderar la marca desde dentro.
El deporte se ha convertido en uno de los entornos más exigentes para la comunicación corporativa. Todo ocurre en tiempo real y cualquier decisión puede amplificarse en minutos, condicionando la reputación durante meses. En este contexto, la comunicación ya no puede limitarse a reaccionar, sino que debe interpretar, contextualizar y dotar de sentido a lo que ocurre dentro de una narrativa coherente y creíble.
Este cambio de paradigma transforma al dircom en un actor clave dentro de la toma de decisiones. Su función es definir qué contar, cuándo, cómo y con qué objetivo, gestionando intangibles críticos como la reputación, la confianza o la influencia. Además, lidera el posicionamiento público de entrenadores, deportistas y directivos, conscientes de que las personas comunican tanto como las marcas.
Todo ello consolida una idea clara: el dircom en el deporte ya no es solo portavoz, sino arquitecto de marca. Un perfil estratégico capaz de conectar resultados, valores, comportamiento institucional y propósito para construir marcas relevantes, coherentes y sostenibles en un ecosistema cada vez más complejo.
De todo ello reflexionamos en este artículo publicado en Top Comunicación.
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